Un abogado inteligente no
contrata a un perito para que le mienta al juez, sino para conocer la realidad
técnica de antemano pues a tiempo ahorra millones.
Mantener el criterio técnico
frente a la presión, es la definición perfecta de la madurez profesional. El
juramento o compromiso profesional de un perito no es con el cliente, sino con
la verdad técnica.
